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ECONOMÍA

12-09-2018

Cerró el emblemático restaurante Cló Cló


En las últimas horas se confirmó el cierre del tradicional restaurante Cló Cló, en la costanera norte de la Ciudad. Previamente, habían también bajado sus puertas otros locales reconocidos, como Hermann, frente al Botánico; Arturito, en 9 de Julio y Corrientes; Ligure, en Retiro, y La Emiliana, sobre avenida Callao.

A esos nombres emblemáticos de la cocina porteña se sumaron otros, como El Café de la Ciudad, en Corrientes y Pellegrini; el Balcón del Blues, en calle Lavalle; La Casa del Queso, sobre avenida Corrientes, y Los Chisperos, en San Telmo.

El sector gastronómico está atravesando un mal momento que golpea aún a los “peso pesados”. Y todo indica que el escenario se complicará aun más en los próximos meses por efecto de la suba de tarifas, el incremento de los costos operativos en general y, especialmente, la pérdida de poder adquisitivo.

Desde asociaciones y cámaras de esta rama de actividad advierten que en los últimos doce meses la caída en el número de clientes se redujo un 30%. Esto, claro, representa un promedio; de modo que hay zonas donde el derrumbe es incluso mayor.

“En Puerto Madero, por ejemplo, el desplome es de hasta un 50%. Al mal momento en general se suma que los locales están muy afectados por la obra del Paseo del Bajo. No tenemos en Buenos Aires un solo lugar que, en términos de clientes, al menos empate los números del año pasado”, afirmó Verónica Sánchez, titular de la Cámara de Restaurantes, en una nota a IProfesional.

La empresaria agregó que, en el contexto vigente, un negocio gastronómico "competitivo con suerte obtiene una rentabilidad operativa del orden del 2% a 3% mensual", cuando en años "normales", este indicador normalmente supera el 10%.

"La situación actual muestra una baja que se parece mucho a la registrada en años como 2009, cuando el sector entró en crisis por variables como la epidemia de gripe aviar y el enfrentamiento entre campo y Gobierno", sostuvo.

Desde la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Cafés y Confiterías, Camilo Suárez, su presidente, sostuvo que a la menor afluencia de clientes hay que sumarle la escapada de los costos como factor clave al momento de entender la baja de persianas.

“Las tarifas públicas para el sector aumentaron por lo menos un 70%. La presión fiscal es asfixiante. Por cada 100 pesos que llegan a la caja del comercio, 42 se van en la carga impositiva. Algunos gastronómicos pagan hasta 46 pesos por cada 100”, detalló.

Como respuesta a la suba general de costos y al creciente valor de los alimentos, explicó Suárez, los restaurantes incrementaron sus precios cerca de un 30% en los últimos doce meses, sin que esto llegue a sostener los niveles de rentabilidad.

Suárez reconoció que el momento por el que atraviesa la gastronomía se caracteriza por los cierres masivos, frente a una cantidad mínima de aperturas.

“Los costos de salida con altísimos, con indemnizaciones al personal que se incrementan año a año. Cualquier intención de cerrar tiene que ser muy estudiada. Lo más común es la venta a otro privado que sigue el negocio o se mantiene en la gastronomía pero en otro formato”, afirmó el directivo.

Sánchez, de la Cámara de Restaurantes, destacó la imposibilidad de los comercios de trasladar al ticket todos los costos en alza de los últimos meses. De accionar de esa forma, aseguró, el consumo se resentiría aun más.

"Lo que preocupa no es solo la cantidad de locales que dejan de trabajar, sino toda la historia que se está perdiendo. Están cerrando lugares con mucha trayectoria en la gastronomía. Hay empresarios con más de tres décadas de trayectoria que están abandonando el rubro. Eso muestra que el sector se está quedando sin espaldas. Y que esta crisis es muy diferente a las últimas que le tocó superar a la actividad", acotó.

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