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OPINIÓN

10-09-2018

"Bríos de una crisis política", por Ezequiel Beer


Los tiempos del tipo de cambio en la Argentina permiten establecer relaciones casi directas con el acontecer político que por sobremanera aparece en escena publica al ritmo del aumento en la cotización de la divisa extranjera de referencia.

El desenlace devaluatorio es conocido por todos en términos reales que agudizan las contradicciones internas del poder y su correlato gubernamental oficial donde se oficia por sorpresa o externalidad de un proceso netamente local que obedece a mandatos externos principalmente al reconfigurar la distribución económica del país.

La naturalidad con la que se lo acoge expresa una simplificación adrede que conlleva el dominio intelectual y mediático por sobre la población desligando otras razones reales que podrían poner en consideración critica el manejo estatal.

Asimismo, la ciclicidad del fenómeno advierte la propia inestabilidad económica actual lo que invita a otros actores a reincidir en el espectro de la opinión publica puntualizando las propias debilidades de la gesta estatal e intentando recapturar la atención de electores que se encuentran difusos o confusos ante la situación generada.

Sería casi grotesco decir que el accionar dominante tiene márgenes de maniobrabilidad en función de un todavía e importante apoyo ciudadano que no es sorprendido por dichas acciones y que redobla la apuesta al considerar que dichos fenómenos no obedecen directamente a sus principales y propios actores.

Determinar que el proceso redunda en un enfático fenómeno de traslación hacia el polo oponente entraría en una ingenuidad de análisis pues son sabidos y materializadas las experiencias históricas anteriores donde procesos similares no modificaron someramente el acontecer posterior de los acontecimientos.

La memoria pasada esta aun renaciente – tanto por lo que podríamos llamar alentador como critico – pero cual de las dos balanzas tienen mayor peso a la hora de evaluar si el desenlace electoral futuro pueda dar efectos superadores de la actual situación.

En efecto, la elección de una adecuada estrategia – que en términos regresivos fue usada exitosamente y en el tiempo por la gestión actualmente dominante – es el punto de inflexión y del abandono de pasiones ir asibles que ocultan la razonabilidad necesaria para los tiempos políticos vigentes.

La disimilación política del actor opositor es quizás la mejor herramienta de disciplina miento por parte del poder central y que atraviesa las distintas escalas de gobierno del país casi en su totalidad, enfatizada por la ausencia de liderazgos que puedan unificar criterios y dar la respuesta superadora que una gran parte de la sociedad aun no encuentra y que por otra parte desea dar un giro político que considere avanzar hacia sus demandas reales que no son solamente de raigambre económica.

Si bien un liderazgo consensuado es primordial este debe expresar consensuadamente el anhelo del conjunto y no de reiterarse una mera ordenación disciplinar en función de un supuesto mandato.

La necesidad de establecer una política real de desarrollo que contemple las necesidades del conjunto y que pueda transcender es quizás el mayor desafío de la actual situación que evidencia un alto grado de improvisación o la adopción de recetas fallidas que solo benefician a un reducido sector social.

Pero para ello la anuencia social en base a un proyecto superador debe comenzar a ser explicado en voz alta al conjunto de la sociedad pues sino la reducción de la política a nominaciones sustantivas o adhesiones voluntaristas nos aleja de obtener resultados a una demanda social que su no resolución puede tornar a la política como el centro del rechazo generalizado.

Ezequiel Beer
Geógrafo UBA
Analista Político

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